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Plantean controlar expansión urbana para reducir la contaminación de Santiago

La nube gris que ahoga a los habitantes de Santiago de Chile, una de las ciudades más contaminadas del mundo, ha obligado a las autoridades a plantear nuevas medidas para reducir las emisiones, como prohibir las estufas de leña o controlar la expansión urbana.

Web Report Chile, 11 de julio de 2008

El gobierno chileno prohibió el martes 24 de junio, la circulación de 320 mil automóviles debido al estado de emergencia por los altos índices de contaminación.

La capital chilena, la segunda ciudad más contaminada de América Latina después de la ciudad de México, ha sufrido este año varios episodios de alta contaminación que han cuestionado tanto el modelo predictivo como las medidas para reducir su concentración.

Ubicada en un valle rodeado por las cordilleras de Los Andes y de La Costa, la contaminación se agrava en otoño e invierno (de mayo a septiembre) por la ausencia de vientos y un fenómeno de inversión térmica (el aire es más helado a baja altura), lo que hace que las partículas nocivas se concentren a ras del suelo.

Los altos índices de contaminación tienen una fuerte incidencia en la vida cotidiana, ya que no sólo provocan un incremento en las enfermedades cardiorrespiratorias, sino que las emergencias ambientales obligan a modificar hábitos preestablecidos, como el uso del transporte privado o de los sistemas de calefacción.

Cuando las estaciones de medición de la calidad del aire detectan altos niveles de contaminación, la Gobernación de Santiago decreta alertas o pre-emergencias ambientales, que en este caso supone la prohibición de circular para un 20 por ciento de automóviles catalíticos y un 60 por ciento de los vehículos sin convertidor.

Esta restricción tiene un fuerte impacto en los 6.2 millones de habitantes de Santiago, ya que muchos se ven obligados a dejar sus automóviles y desplazarse hasta sus lugares de estudio o de trabajo en metro o en autobús, medios que incluso en días normales se revelan insuficientes para absorber ese gran flujo de usuarios.

Las medidas ambientales también implican la prohibición de usar chimeneas en los hogares y el funcionamiento de 794 industrias, así como la suspensión de las clases de gimnasia en los colegios y la recomendación de no realizar actividades físicas de gran esfuerzo.

Según un estudio encargado por la Comisión Nacional de Medio Ambiente, un total de 526 personas murieron de forma prematura en 2006 por enfermedades respiratorias y cardiovasculares asociadas a la contaminación, cifra que se estima podría llegar a 720 en 2010, según uno de sus autores, el bioestadista Sabit Cakmak.

El actual modelo predictivo de la contaminación arrojó varios errores en los últimos meses, lo que obligó al intendente (gobernador) de Santiago, Álvaro Erazo, a convocar el 2 de junio un panel de expertos que en un plazo de 30 días propusieran medidas efectivas en relación al pronóstico y a la reducción de emisiones.

Entre otras iniciativas, propusieron la instalación de filtros de segunda generación en camiones y en autobuses públicos, la ampliación de la red de vías para bicis, estacionamientos para bicicletas en estaciones de metro y lugares de trabajo y la prohibición de emplear estufas de leña.

Esa medida tendrá un fuerte impacto en la economía de las clases más bajas, obligadas a calentarse y cocinar con leña, que se vende a unos 50 pesos el kilogramo (0.1 dólares), en lugar de emplear parafina, cuyo precio, empujado por la carestía de los combustibles, alcanzó los 600 pesos por litro (1.2 dólares).

Entre las medidas a medio plazo, los expertos abogan por aplicar mejor tecnología en los procesos industriales, frenar el crecimiento del parque automovilístico con el encarecimiento o disminución de los estacionamientos y limitar la expansión urbana de la Región Metropolitana.

Guido Girardi, senador oficialista, aseguró que los factores que más se asocian a la contaminación son la población y la dispersión en superficie, dos variables que agravan el problema en Santiago, una metrópoli construida a base de casitas bajas que se extienden en el horizonte.

"No puede ser que Santiago crezca 300 mil habitantes al año, que concentre el 40 por ciento de la población del país y el 70 por ciento de la inversión financiera", señaló Girardi, quien presentó a principios de julio una demanda -que no fue aceptada- contra varios ministros por no actuar frente a la contaminación.

Girardi también exige establecer una normativa que regule el PM2.5, el material particulado más fino y dañino, que no se tiene en cuenta en las mediciones para decretar alertas o pre-emergencias ambientales, ya que éstas sólo contemplan los niveles de PM10, de mayor tamaño.

Estas propuestas, incluidas en la actualización del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica de Santiago (PPDA), deberían contribuir a la reducción de la contaminación en la capital donde los infartos, accidentes cardiovasculares y crisis hipertensivas aumentan cerca de un 40 por ciento los días de alta contaminación.

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