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En medio de la "tormenta perfecta" que sacude al sector en Estados Unidos, pocas veces las decisiones que están tomando las empresas de automóviles del país han sido más trascendentales para su futuro.
Crisis económica que bordea la recesión, precios del petróleo a niveles no sólo récord sino impensables hace sólo dos años y la turbulencia de los mercados crediticios que han secado las fuentes tradicionales de financiamiento.
Estos elementos se han conjugado junto con los errores del propio sector, que apostó hasta el final que los estadounidenses seguirían comprando grandes todoterrenos y "pickup" y fue incapaz de anticipar las necesidades de los consumidores de Estados Unidos por vehículos más modestos en su consumo.
El resultado han sido pérdidas masivas para General Motors, Ford y Chrysler, los Tres Grandes de Detroit. Tanto financieras como en cuota de mercado en Norteamérica.
Hoy, General Motors dijo que durante el segundo trimestre del año las ventas cayeron un 20 por ciento en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), lo que supone 236 mil vehículos menos que en el mismo periodo del 2007.
Las pérdidas de General Motors en Estados Unidos han lastrado una vez más los resultados del fabricante. Aunque la demanda de vehículos de General Motors fue mayor que nunca en todo el mundo excepto en Norteamérica, las ventas globales cayeron un cinco por ciento con respecto al mismo periodo del 2007.
Y mientras General Motors anunciaba que sus ventas globales cayeron un tres por ciento durante los seis primeros meses del 2008, su principal rival, la japonesa Toyota, presentaba el otro lado de la moneda al proclamar un aumento mundial de la demanda del dos por ciento durante el mismo periodo.
En total, Toyota vendió 4 millones 800 mil vehículos en todo el mundo en los seis primeros meses del 2008 mientras que General Motors se tuvo que conformar con 4 millones 540 mil unidades.
General Motors se reconforta con los buenos resultados que está obteniendo en los mercados emergentes, países como China, India, Brasil o Rusia.
Pero Detroit sabe que los éxitos en el extranjero se pueden ir al traste si no se arregla la situación doméstica. General Motors lo sabe. Ford lo sabe. Y Chrysler lo sabe.
Por esto, los Tres Grandes han llegado al punto no sólo de reformar sus operaciones en Estados Unidos sino cambiar de forma radical su forma de entender el mercado doméstico.
El jueves, Ford anunciará los resultados financieros del segundo trimestre del año. Y junto con las cifras, que también estarán lastradas por los pésimos resultados en Estados Unidos, Ford previsiblemente anunciará cambios sustanciales en su negocio.
Informaciones filtradas a la prensa señalan que Ford va a aprovechar para revelar que se va a concentrar en el desarrollo y venta de autos en Estados Unidos, tras décadas de énfasis en la venta de todoterrenos, "pickup" y camionetas.
Una de las medidas de ese cambio será la decisión de empezar a utilizar algunas de sus factorías en Norteamérica para producir autos en vez de todoterrenos. Otra medida será la llegada a Estados Unidos de autos europeos.
General Motors también ha anunciado medidas similares para aprovechar diseños europeos en Norteamérica. Finalmente, los dos mayores mercados automovilísticos del mundo parecen haber convergido, aunque a la fuerza.
Y sobre todo, General Motors sigue pisando el acelerador en su proyecto Volt. El vehículo de la marca Chevrolet será una auténtica revolución para General Motors, Norteamérica y el mundo.
Eléctrico, recargable simplemente conectándolo en cualquier enchufe doméstico y con un pequeño motor de gasolina para recargar las baterías cuando no sea posible a través de un enchufe.
Si Ford y General Motors tienen éxito en sus planes para reactivar sus ventas en Estados Unidos a partir del 2010, su futuro será mucho más claro. Si fracasan, si las decisiones que están tomando estos días los directivos son las erróneas, estarán condenadas.
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