Los amish, grupo religioso que rechaza los avances de la vida moderna y vive como en el siglo XIX, se han duplicado en solo 16 años y se están extendiendo más allá de los condados de Pensilvania, donde estaban concentrados hasta ahora.
Dentro de sus creencias no les está permitido el uso de electricidad, fotografiarse e incluso comprarse un automóvil, además de ser tremendamente conservadores en sus relaciones personales.
Según informan hoy medios locales, los últimos datos del Young Center del Elizabethtown College revelan que la comunidad amish está compuesta por 227 mil personas, frente a las 123 mil de 1992.
Estados como Misuri, Kentucky o Minesota han visto crecer estos miembros anabaptistas en más de un 130 por ciento.
En este período, la población amish se ha establecido en siete nuevos estados -Arkansas, Colorado, Maine, Misisipi, Nebraska, Washington y Virginia Occidental- y ha ampliado de este modo su presencia al menos a 28 estados de costa a costa.
Los amish, grupo religioso que fue retratado en la película "Witness", con Harrison Ford como protagonista, viven en pequeñas comunidades de Estados Unidos con un modo de vida más propio del siglo XIX que del XXI.
Con bonetes en la cabeza, vestidos largos, camisas con botones tradicionales y tirantes, los "amish" siguen la tradición y se visten como a principios del siglo XVIII, cuando llegaron a Estados Unidos procedentes de Holanda.
Junto con el inglés, hablan un dialecto alemán propio, viven básicamente de la agricultura y ganadería tradicional.
Esta comunidad está atraída por zonas rurales y donde la tierra es barata, lo que le permite mantener sus actividades agrícolas y su modo de vida austero, aunque los hombres también trabajan en la construcción.