Los sindicatos de trabajadores de las ensambladoras Volkswagen-Audi, Renault y Volvo de Brasil dieron ayer un ultimátum a las empresas hasta el viernes 29 para alcanzar un acuerdo salarial o de lo contrario iniciarán una huelga el lunes próximo, informaron portavoces laborales.
La decisión fue tomada en varias asambleas organizadas a las puertas de las empresas en el área metropolitana de Curitiba, capital del estado de Paraná, donde las plantas de estas montadoras emplean a 11 mil trabajadores, explicó el Sindicato de Metalúrgicos.
Después de tres reuniones frustradas los metalúrgicos decidieron romper las negociaciones con Sinfavea, el gremio empresarial que agrupa a las empresas ensambladoras, y partir de ahora el ajuste salarial será negociado directamente con la dirección de las empresas, explicó el Sindicato.
Los trabajadores piden un aumento salarial del 13 por ciento a partir de septiembre, además de un bono salarial de mil 500 reales (unos 920 dólares) y la extensión de todos los beneficios concedidos en las plantas del estado de Sao Paulo, principal sede de la poderosa industria automotriz brasileña.
"Si las ensambladoras no traspasan al salario de los trabajadores una parte de las ganancias que tuvieron en 2007 y 2008 podemos tener paralizaciones en Paraná como ya sucedió en 2007 y 2006", dijo el presidente del Sindicato de Metalúrgicos, Sérgio Butka.
El año pasado los trabajadores de Volkswagen-Audi y Renault hicieron una huelga de cuatro días y lograron un aumento del 7.44 por ciento, además de un bono también de mil 500 reales.
En 2006, tras otra huelga de una semana lograron otro aumento de 5 por ciento y un bono de 700 dólares (unos 538 dólares al cambio actual).
El sindicato destacó que con su pujante industria automotriz Brasil ha superado a Francia como el sexto mayor productor de vehículos, con 1.89 millones de unidades entre enero y junio, 120 mil más que la producción gala.
Julio también fue un mes récord con otras 320 mil unidades. Los sindicatos insisten en que parte de ese éxito se debe a los bajos costos de producción y a la eficiencia de la mano de obra brasileña.