El proyecto Galileo, cuyo objetivo es dotar a Europa de un sistema de navegación por satélite para no depender de GPS estadounidense, ha sido mal gestionado, según el Tribunal de Cuentas de la UE, que hace hincapié en los retrasos acumulados y el sobrecoste de la iniciativa.
En un informe especial publicado hoy, el Tribunal de Cuentas critica especialmente la labor de la Empresa Común Galileo, creada por la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA) para gestionar la fase de desarrollo y validación del programa y que funcionó de septiembre de 2003 hasta el final de 2006.
Los auditores comunitarios concluyen que la gestión de la citada fase fue "inadecuada", aunque precisa que el fracaso de la Empresa Común se debió en gran parte a factores fuera de su control.
Las críticas se dirigen especialmente al ejecutivo comunitario que, según el Tribunal, "adoleció de falta de liderazgo".
Recuerda que el principal objetivo de la Empresa Común era negociar una asociación público-privada para incorporar inversión privada al proyecto y financiar, junto a la Comisión Europea, la infraestructura de Galileo.
Las negociaciones con el sector privado para un acuerdo de concesión se bloquearon en 2007, lo que llevó al Parlamento Europeo y al Consejo a reorientar el programa, que acabó acumulando un retraso de cinco años en materia de desarrollo tecnológico.
Esto se debió, según la corte con sede en Luxemburgo, a que el proyecto de asociación público-privada fue "inadecuadamente preparado y concebido", lo que llevó a que las negociaciones con la industria se basaran en supuestos no realistas.
Además, la tarea de la Empresa Común de supervisar las actividades de desarrollo tecnológico se vieron gravemente limitadas por cuestiones de gobernanza, un presupuesto insuficiente, retrasos y por el modelo organizativo del proyecto.
Como resultado, la integración de las infraestructuras del Servicio de Navegación Geoestacionaria Europea (EGNOS) -precursor de Galileo- en el proyecto final no se completó adecuadamente.
El Tribunal también apunta que los Estados miembros, debido a sus distintas expectativas, actuaron a menudo en interés de sus industrial nacionales, bloqueando las decisiones.
El informe concluye que, para que la reorientación de Galileo acordada a mediados de 2007 sea un éxito, la Comisión Europea tiene que reforzar considerablemente su gestión.
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