Cerberus, el flamante propietario del Grupo Chrysler, es el último nombre que se ha sumado a la batalla que se libra en Estados Unidos entre los que quieren imponer límites más estrictos al consumo de combustible en el sector del automóvil y los que rechazan estas medidas.
En las últimas semanas, el presidente de la firma de inversiones -y ex secretario del Tesoro-, John Snow, y el consejero delegado de la misma, Stephen Feinberg, han mantenido reuniones de alto nivel en Washington con legisladores en un intento de suavizar el proyecto de ley que impondrá límites más severos.
El problema para el Grupo Chrysler es que la inmensa mayoría de su flota de vehículos son modelos de elevado consumo y cualquier legislación que imponga mayores límites afectará especialmente a este fabricante estadounidense.
Hasta ahora, General Motors y Ford han sido los dos fabricantes que más se han destacado en su oposición al proyecto de ley sobre Consumo Medio Corporativo (CAFE), un texto que fue aprobado la semana pasada por el Senado estadounidense y que lo más probable sea discutido en septiembre en la Cámara de Representantes.
El proyecto de ley cuenta con el beneplácito de la Casa Blanca y exigirá que para el 2020 el consumo medio de combustible de las flotas de automóviles (coches y camionetas) que salen de las fábricas sea un 40 por ciento menos que actualmente, alrededor de 6.7 litros por cada 100 kilómetros.
Desde 1983, el CAFE para automóviles está fijado en 8.5 litros por cada 100 kilómetros. Para camionetas la cifra es de 10,8 litros por cada 100 kilómetros. Detroit está en pie de guerra porque considera que de aprobarse la ley adaptar sus vehículos le costará 85 mil millones de dólares.
Según Chrysler, la ley supondrá unos 7 mil dólares más por vehículo para los consumidores. Mientras, los fabricantes japoneses se mantienen al margen. No en vano, Toyota, Honda y Nissan ocupan los tres primeros puestos en la lista de menor consumo de CAFE, tanto en la categoría de coches como en la de camionetas
El Senado también está considerando eliminar las ventajas fiscales que permiten que los pequeños negocios descuenten 25 mil dólares de la compra de grandes "pickup" y SUV, una controvertida ayuda que se considera que subvenciona la adquisición de los vehículos que más contaminan y contribuyen al calentamiento global.
Con la venta de Chrysler a Cerberus todavía sin finalizar, la aprobación de estos proyectos de ley podrían provocar que el fondo de inversiones eche marcha atrás ante lo que considera política hostil de Washington al sector del automóvil.