Argentina busca estimular cultivos alternativos como la jatropa y el cocotero, que puedan ensanchar su incipiente oferta de carburantes verdes, seducida por la explosiva demanda mundial de biocombustibles.
La Secretaría de Agricultura de Argentina comenzó hace poco más de un año a estudiar posibles cultivos con fines energéticos que puedan desarrollarse en áreas que no compitan con la actual superficie agrícola.
Según un informe del Programa Nacional de Biocombustibles difundido hoy, las mejores alternativas son dos cultivos que aún no se explotan en el país: el cocotero o mbocayá y la jatropa o piñón manso, que, de acuerdo a las investigaciones, "son los que generarían mayor cantidad de biodiesel por hectárea".
La jatropa, que podría cultivarse en la región centro-norte de Argentina, es una especie rústica que se adapta a diferentes condiciones extremas de crecimiento rápido y tiene una semilla con alto contenido de aceite (30 por ciento).
Según las investigaciones, su biodiesel es de gran calidad y tiene un rendimiento de 4 mil kilos por hectárea, lo que significa una producción de mil 239 litros de biocombustible.
En tanto, el cocotero, que tiene cerca de 50 años de vida útil, tiene un rendimiento de 19 mil 200 kilos, un 14 por ciento de aceite en su semilla y pueden dar a 2 mil 816 litros de biodiesel por hectárea en áreas del noreste del país.
Para promover estos cultivos, el programa oficial prevé establecer líneas de financiación mediante la coordinación con los organismos multilaterales de crédito, el mercado de capitales y el sistema financiero local.
Mientras Argentina espera el desarrollo de estos cultivos, lo que podría demandar unos quince años, el país ya produce otras oleaginosas que destina a biodiesel, como la colza y el cártamo, aunque los principales son la soja y el maíz. El problema de estos dos últimos es que su uso con fines energéticos compite con el alimentario.
Según el informe oficial, el 18 por ciento del poroto de soja es biodiesel, el 77 por ciento es proteína vegetal de alta calidad para alimentación y el cinco por ciento restante es desperdicio.
En el caso del maíz, el 41 por ciento del grano es bioetanol, el 29 por ciento es para alimentar el ganado y el 30 por ciento restante puede ser usado como insumo para la producción de anhídrido carbónico para las industrias de bebidas gasificadas y otros usos.
Una alternativa que también estudia Argentina para disminuir el uso de cultivos que ya tienen destino alimenticio es la producción de "biooil" a partir de desechos de la industria maderera, o la generación de bioetanol a partir de lignocelulosa (madera y desechos agrícolas).
Argentina exportó el año pasado 319 mil 93 toneladas de biodiesel por 268.4 millones de dólares, pero prevé acrecentar esos envíos, pues, según el informe oficial, "se espera que la demanda mundial de energía crezca en forma sostenida en los próximos 25 años" y se estima para 2030 un aumento del 50 por ciento con respecto a la actual.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se calcula que en 15 ó 20 años la bioenergía cubriría del 20 al 25 por ciento de las necesidades energéticas en el mundo.