Los grandes y artesanales camiones paquistaníes, con sus filigranas multicolores y figuras religiosas pintadas por auténticos artistas del "tuning" (personalización del vehículo), deberán adaptarse a los nuevos tiempos por orden del gobierno.
El Ejecutivo paquistaní aprobó recientemente una serie de medidas que persiguen la modernización de estos vehículos para mejorar su eficiencia y respeto medioambiental.
La mayoría de los 173 mil camiones que circulan por los más de 200 mil kilómetros de carreteras de Pakistán "se encuentran en un pobre estado tecnológico y están obsoletos", resume el plan que el Ministerio de Industria pretende implementar en los próximos meses.
"Muchos camiones son de segunda mano y para incrementar su capacidad de carga acuden a talleres donde modifican sus estructuras sin seguir ningún patrón", explicó un asesor del Ministerio de Industria, Aslam Nadeem.
La sobrecarga de los camiones, en algunos casos superior al 33 por ciento, conduce al "deterioro de las carreteras", según Nadeem.
El gobierno calcula que anualmente se destinan unos 43.3 millones de dólares del erario público a reparar los desperfectos que originan los camiones, y señala que existe un gran problema por el poco control en la emisión de licencias, la preparación de los conductores y la supervisión de los talleres.
Sin embargo, el sector del "tuning", de gran solera en Pakistán, es muy distinguido y respetado por la sociedad paquistaní.
En el barrio de Pir Wadai Mur de la ciudad de Rawalpindi, cerca de Islamabad, cientos de personas trabajan diariamente para dar forma a los nuevos "reyes de la carretera".
Allí, a pocos metros del caótico tráfico característico de las urbes paquistaníes, tiene lugar toda una operación quirúrgica en cadena.
Los camiones viejos son desmontados y los mecánicos cambian los motores y las ruedas, además de diseñar las nuevas estructuras de madera y metal para darles cuerpo, algunas de las cuales son objeto de polémica por su gran volumen.
El equipo más respetado es el de los pintores y decoradores, que son quienes se encargan de crear la nueva imagen del vehículo, siempre distinta y original.
"La parte superior suele estar dedicada a la religión, en los laterales vienen pequeños motivos y para la parte trasera se reserva a un único y gran dibujo", explicó el pintor de una fábrica, Aftar Ahmed.
El artista asegura que la mayoría de las figuras las hace "sin un plano al lado y con total libertad, ya que los camioneros no suelen tener exigencias claras".
La pintura siempre se renueva cuando se desgastan los colores o cuando el camión cambia de propietario, mientras que los motivos van desde animales como pájaros, tigres o peces hasta casas, pasando por paisajes o retratos de mujeres.
"Los camioneros quieren pasear orgullosos la cultura y tradición del país", señala Ahmed, a quien se acercan varios niños que llevan destornilladores y sierras para colaborar en las tareas del taller.
Los decoradores rematan la faena atornillando numerosos reflectores, cadenas y otros accesorios. "No sólo diseñamos en Pakistán, ahora vamos a exportar unas planchas con tigres para un cliente de Alemania", dice orgulloso Barkit, mostrando un felino amarillo fluorescente.
Renovar un camión desde la primera fase puede tardar hasta dos meses y costar unos 50 mil dólares.
La pintura y decoración más sencillas exigen un mínimo de dos días de trabajo, mientras que en los casos con más adornos y detalles el proceso puede durar incluso quince días.
Los camiones suelen pertenecer a grupos privados, cuyos dueños, que poseen flotas que van desde la decena hasta el centenar de vehículos, son conscientes de que ningún conductor se pondría jamás al volante de una máquina que no estuviese correctamente adornada y pudiese llevar como lema "la carretera es nuestra".