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A falta de combustible, un ingeniero de Gaza transforma su coche en eléctrico

El principio de que la necesidad agudiza el ingenio se ha cumplido para un ingeniero de Gaza que, al no conseguir combustible, ha convertido su vehículo en un coche eléctrico, limpio y barato que además ya no deja el olor a aceite de cocina usado de otros utilitarios de la zona.

Web Report Combustibles, 02 de junio de 2008

Harto de la falta de fuel, el ingeniero electrónico Wassim al-Jozendar ha manipulado su Peugeot 106 para que funcione con baterías.

Y es que el combustible escasea en Gaza a causa del cerco israelí a la franja iniciado el pasado junio, cuando el movimiento islamista Hamás la tomó por la fuerza y expulsó a las fuerzas leales al presidente palestino y líder de Al-Fatah, Mahmud Abás.

En octubre pasado, Israel aprobó reducir parcialmente su flujo de fuel y electricidad a la franja tras declararla "territorio enemigo", lo que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, despachó con un: "En lo que a mí respecta, todos los residentes de Gaza pueden ir a pie".

Los conductores de vehículos diesel comenzaron entonces a llenar sus depósitos de aceite usado de cocina, mientras que los propietarios de coches a bencina recurrieron al gas doméstico con sustitutivo.

Ahora, algunos viandantes emplean máscaras para evitar el mal olor reinante en las calles.

Al-Jozendar sabe que su coche es un caso excepcional que no resuelve el problema, pero se plantea "desarrollar el proyecto" con su colega Fayez Annan.

Convertir el coche en eléctrico cuesta unos 2 mil 500 dólares y "no daña la atmósfera como el aceite de cocina", explica Wassim.

Se trata tan sólo de instalar un número de baterías que varía en función del tamaño del vehículo, frente o cerca de la plaza del conductor, precisa.

"Hemos descubierto que si las baterías se dejan cargar durante siete horas, el coche puede recorrer 180 kilómetros a una velocidad de cien kilómetros por hora", ilustra a un grupo de curiosos que se acerca a su innovador coche blanco que circula sin contaminar desde hace dos semanas.

Wassim ha empleado tanto sus conocimientos académicos como los adquiridos en la tienda electrónica que regenta para adaptar el coche a las nuevas circunstancias.

Una situación que mantiene aparcados a la espera de días mejores al 90 por ciento de los vehículos de la franja.

Las universidades de la ciudad de Gaza han cerrado sus puertas por las serias dificultades de profesores y alumnos para llegar a clase, mientras que numerosas ambulancias no salen ya del garaje.

Tan sólo se ve por las calles a un puñado de viandantes y a los afortunados taxis cuyo conductor ha logrado un poco de gasolina en el mercado negro, por supuesto, a precios elevadísimos.

Los coches patrulla de la Policía de Hamás han empezado de hecho a trasladar gratuitamente a quien lo precisa para evitar la paralización total de la vida en la ciudad de Gaza, donde reside la mitad de los 1.5 millones de habitantes de la franja.

Por ello, Wassim trabaja "para probar en vehículos grandes y camiones esta experiencia que ahora se aplica en coches pequeños".

La lógica, interviene su socio, Fayez Annan, es que la minúscula e hiper-poblada Gaza no precisa coches veloces.

"Por eso estamos determinados a alcanzar nuestro objetivo", agrega Annan con un cierto optimismo que contrasta con la dura situación cotidiana que le rodea.