Una huelga de transporte público que comenzó hoy en Brasilia deja virtualmente paralizada a la ciudad y causa enormes trastornos a casi un millón de personas, que dependen de ese medio para trasladarse.
Los conductores de autobuses, que convocaron la medida de presión que se mantendrá durante 24 horas, exigen un aumento salarial del 20 por ciento y una reducción de la jornada laboral de 40 a 36 horas por semana.
Asimismo, protestan porque las empresas privadas responsables por el servicio les obligan a pagar los perjuicios sufridos cada vez que el vehículo es asaltado.
Según datos oficiales, entre 10 y 15 autobuses son atracados cada día.
Fuentes del sindicato de conductores dijeron que la huelga tiene una adhesión del 90 por ciento, algo que es notable en las calles de la ciudad, donde miles de personas han tenido que esperar durante horas un medio de transporte.
Los más perjudicados han sido los habitantes de las llamadas "ciudades satélites", que junto con Brasilia conforman el Distrito Federal.
Esas ciudades se encuentran a un promedio de 30 kilómetros de la capital y tienen en conjunto 1.2 millones de habitantes, que en gran número trabajan en Brasilia.
Al mediodía de hoy, el ausentismo laboral causado por la huelga era notorio en comercios y oficinas, aunque no existían cálculos de porcentajes.
El gobierno del Distrito Federal redujo el intervalo entre los trenes del metro que une a Brasilia con varias ciudades satélites a fin de aliviar la situación.
Debido al aluvión de pasajeros, la seguridad en las estaciones de metro fue redoblada.
El secretario de Transportes del Distrito Federal, Alberto Fraga, condenó la decisión de los sindicatos, con los que dijo estar en plenas negociaciones para estudiar sus exigencias.
"Fui traicionado, fui apuñalado por la espalda", declaró Fraga a periodistas.
El funcionario añadió que "quienes más sufren son los habitantes más pobres", que dependen del transporte público, y admitió que, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por minimizar el caos, "es imposible evitar los trastornos".
El Distrito Federal tiene unos 2.2 millones habitantes y hace diez días alcanzó la cifra de un millón de coches particulares, una media de casi un vehículo por cada dos habitantes.
No obstante, ese millón de automóviles está concentrado en la mitad de la población, que tiene un altísimo poder adquisitivo, y cerca de un millón de personas depende exclusivamente del transporte público para trasladarse.