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El pachá del siglo XXI cabalga sobre una Harley

Tras cinco días con la corbata al cuello, cada vez son más los ejecutivos egipcios que dedican los fines de semana a cabalgar sobre una Harley-Davidson, el último capricho de la acomodada clase alta del país.

Web Report Harley-Davidson, 16 de junio de 2008

La legendaria marca americana ha inaugurado, en los últimos ocho años, dos tiendas en El Cairo y otra más en la localidad de Sharm el Sheij, un oasis de lujo en la costa del Sinaí.

La joven Inyi Ghattas, propietaria de los tres establecimientos, asegura en su despacho de la capital que, poco a poco, el negocio comienza a despegar en Egipto.

Y lo hace principalmente entre ejecutivos de grandes empresas, lo más parecido a un pachá en el nuevo siglo, que pasan por la crisis de los la cuarenta.

Como afirma entre risas Giorgio, cairota de ascendencia italiana y dueño de una de estas motocicletas, "a los cuarenta es mejor comprarse una Harley que echarse una amante".

Lo dice mientras se toma un refresco a las puertas de una de las tiendas de la marca en el barrio de Zamalek, en la capital, donde cada viernes -día festivo en Egipto- se reúnen algunos propietarios para pasar la mañana juntos.

Un local de dos plantas en el que se exhiben alrededor de treinta motos resplandecientes, junto a todo tipo de recambios, complementos y prendas de ropa, todo con un evidente sabor americano.

Ghattas abrió el primer establecimiento en el año 2000, y tras unos comienzos difíciles, ya ha conseguido poner en la calle alrededor de 300 motos, la mayoría en los últimos tres años.

"Esperamos seguir creciendo, esto es solo el principio", afirma, y añade que, según sus cálculos, en el presente ejercicio conseguirán vender un centenar más.

Sin embargo, no es el rugido de la Harley el que marca la pauta en las calles de El Cairo, una jungla de bocinas, taxis destartalados y microbuses atestados y a la carrera en la que habitualmente no se respeta ninguna norma de circulación.

"Yo normalmente la conduzco por las noches", explica Ahmad Farahat -46 años-, algo en lo que coinciden la mayoría de los dueños de estas motos, resignados a esconder este capricho sobre ruedas del insufrible tráfico cairota.

"A trabajar voy en coche", reconoce.

Son las cuatro de la mañana y Farahat se encuentra en una gasolinera, a las afueras de El Cairo, donde espera a otros treinta moteros para los que Harley-Davidson Egipto ha organizado un viaje conjunto hasta la capital de la vecina Jordania.

Según van llegando al punto de encuentro, todos y cada uno de ellos subrayan la camaradería, el buen ambiente que reina en este selecto club, al que uno se puede unir si invierte entre 56 mil y 260 mil libras egipcias en una de estas motos -entre unos 10 mil 500 y unos 48 mil 500 dólares-.

Precios extremadamente altos para la mayor parte de la sociedad, que ve cada día como su poder adquisitivo, ya bajo de por sí, continúa en caída libre ante la complicada coyuntura económica.

En apenas media hora, la gasolinera en la que se encuentra Farahat se ha llenado de fanáticos de las Harley, todos ellos egipcios, ataviados con cazadoras de cuero, pañuelos en la cabeza y vaqueros ajustados.

Ni rastro de turbantes o galabiyas -túnica tradicional egipcia-, tan comunes por las calles de El Cairo.

Ya montados, enfilando la carretera, hacen rugir los motores y se preparan para siete días de viaje.

Y entre tanto ruido mecánico, uno de los motociclistas enciende su equipo de música y pone, a todo volumen, uno de los primeros éxitos de Enrique Iglesias.

Ya se sabe, cosas de la globalización.

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