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El Mercosur está ante el reto de producir alimentos y biocombustibles

En plena crisis alimentaria mundial y en medio de una carrera desbocada de los precios del petróleo, los países del Mercosur afrontan el reto de aprovechar su potencial para producir alimentos y energías alternativas como los biocombustibles.

Web Report Mercosur, 26 de junio de 2008

El Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, con Venezuela en proceso de adhesión), cuenta con 120 millones de hectáreas cultivadas, con posibilidad de ampliación en otros 100 millones, y tiene 300 millones de cabezas de ganado, equivalentes al 25 por ciento del total mundial, según la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM).

La región, que la próxima semana celebrará en Tucumán (Argentina) su XXXV cumbre semestral, genera además el 34 por ciento de la exportaciones mundiales de carne de pollo, el 3 por ciento de las porcinas y el 10 por ciento de las de leche.

Cálculos de la ONU apuntan que en 2030 será necesario incrementar la producción mundial de alimentos en un 50 por ciento para atender la demanda alimenticia, y si los países del Mercosur asumen el reto de multiplicar su producción están ante una oportunidad única.

"Es una oportunidad que se abre por lo menos para Brasil, para aumentar su participación en el mercado mundial y vamos a aprovecharla", dijo recientemente el ministro de Agricultura, Reinhold Stephanes, quien ofreció a los demás países de la región la transferencia gratuita de tecnologías para impulsar la producción de alimentos.

Argentina es otro gran productor que podría aprovechar la coyuntura internacional para consolidarse como uno de los "graneros" del mundo si logra superar el conflicto que enfrenta al gobierno de Cristina Fernández con los agricultores y que, durante más de cien días, ha provocado pérdidas millonarias y un intenso desgaste de la presidenta.

Además, con los altos precios del petróleo, los miembros del Mercosur pueden sacar buen partido a su experiencia en la generación de energías alternativas, como los biocombustibles, sin afectar la producción de alimentos.

También en este capítulo Brasil encabeza la producción y es el único país del mundo que hace un uso generalizado de carburantes de origen vegetal en su parque automovilístico.

El negocio atrae inversiones superiores a los 30 mil millones de dólares en nuevos ingenios de caña y destilerías cada año.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se ha volcado en una campaña diplomática y comercial para convertir el etanol destilado de la caña de azúcar en el combustible del futuro, al tiempo que ha rechazado con dureza las acusaciones de que la producción masiva de biocombustibles agudiza la crisis alimentaria mundial.

Para Lula, las críticas al etanol forman parte de una guerra comercial de empresas petroleras que pueden ver afectados sus intereses y que Brasil está dispuesto a vencer.

Entretanto Argentina también incrementa la producción de biodiesel para consolidar una participación que, según expertos, podría llegar en breve al 6 por ciento en el mercado mundial.

Sólo en el primer cuatrimestre del año, exportó 176 mil toneladas de biodiesel, más que durante todo el ejercicio de 2007.

Hasta 2005, las ventas del biodiesel argentino, producido a base de aceite de soja, se dirigían a los países vecinos, que compraban el 70 por ciento de la producción, pero ahora Estados Unidos y Holanda absorben el 97 por ciento de esas exportaciones.

Mucho menor es la producción de etanol argentino, con una cuota de entre el 1 y 1.5 por ciento de la producción mundial, que podría incrementarse si se impulsan proyectos dirigidos a aumentar la elaboración a partir de maíz.

Pero no todos los países del Mercosur coinciden en su enfoque sobre los biocombustibles.

Venezuela, asentada en un mar de crudo, rechaza la producción de biocombustibles porque, según el presidente Hugo Chávez, equivaldría a "alimentar automóviles y no a la humanidad", aunque apoya la iniciativa brasileña de utilizar el etanol como aditivo a la gasolina y no como sustitutivo.

Para quienes, como Chávez, albergan dudas, la respuesta de Lula es clara: "ningún ser humano, ningún Gobierno, va a dejar de plantar los alimentos que llenan su estómago para poder llenar el tanque de un carro. Sería hasta insano un comportamiento de esos", dijo recientemente.

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